Avda. del Zinc s/número, Avilés - Asturias
Del 23 de Septiembre de 2016 al 8 de Enero de 2017
La sala de
exposiciones del Centro Niemeyer es amplia, diáfana, curvilínea, produce una
sensación de grandeza. Las fotografías de Masao Yamamoto son pequeñas en su
mayor parte, delicadas, sutiles, cuidadas al máximo. Tienen un algo espiritual
que producen a quien las contempla una sensación de sosiego. Yamamoto juega a
veces con una cierta dualidad en sus imágenes, en otras por el contrario, es la
sencillez y la delicadeza de sus líneas lo que cautiva. En el transcurso del
espacio y el tiempo, Yamamoto logra captar a la perfección la elegancia y el
refinamiento de ciertos momentos, de instantes que mucha gente ha visualizado o
quisiera visualizar.
Algo que
llamó mucho mi atención fue la forma en que se han presentado las fotos. El
papartú que las rodea no está a ras de la misma, sino que deja un espacio a la
misma para que respire, le da aire. A su vez las imágenes están sujetas a la
parte de atrás del mismo con cantoneras, de esas que utilizaban nuestros padres
y abuelos para rellenar los álbumes de familia. No es muy habitual ver algo así
en un museo, así que me pudo la curiosidad y pregunté al respecto. La
explicación es muy lógica. Las fotografías de Yamamoto son obras únicas e
irrepetibles porque el autor se encarga de que cada una de ellas sea diferente
rasgando sus bordes, llevándolas durante días en el bolsillo de la chaqueta,
pintando o virando las esquinas, etc. Por eso es importante que se vea la
fotografía completa y que sus bordes no sufran ningún tipo de deterioro, ya que
la propia fotografía es una obra de arte en sí, tanto como su contenido.
Masao
Yamamoto, presenta en Small Things in Silence, un recorrido por sus años de
trabajo, que incluye imágenes de Box of Ku, Nakazora, Kawa y Shizuka y explica así su obra:
“Han
transcurrido cuarenta años desde que empecé mi actividad expresiva. Durante
todo ese tiempo, me he estado preguntando constantemente:¿Qué es lo que he
dicho?¿Qué es lo que he dejado de decir? Este permanente monólogo interior de
preguntas y respuestas es lo que ha facilitado y dado vía libre a mi actividad
creativa.
Inseguro de
poder hacerme un hueco, de poder encontrar mi lugar en este mundo, el arte,
como actividad creativa, ha representado mi principal sustento para continuar
viviendo.
Dentro de
una vida transcurriendo por caminos indirectos, aunque toda mi obra ha ido
viendo la luz de manera caótica e incoherente como si cada pieza fuera cayendo
en total desorden a mi paso por la vida, mi huella esculpida queda claramente
relejada en cada una de mis creaciones.
Cuando
dirijo la mirada hacia atrás, compruebo que una de mis ideas centrales,
consistente y coherente conmigo mismo, ha sido la obsesión por las cosas
pequeñas. Me alegra descubrir aquellas cosas, aparentemente insignificantes y
triviales, que uno puede perfectamente pasar por alto.
Despiertan
también mi interés todas aquellas sensaciones incómodas tales como cuando uno,
al abrocharse, se equivoca de agujero del botón o como cuando alguien se
encuentra perdido y desorientado entre la niebla.
A la hora de
transmitir todas estas cosas, prefiero susurrar mis mensajes al oído antes que
comunicarlos en voz alta. Susurros tan suaves que pueden inducir a confusión,
como si de una ilusión se tratara.
En mi obra
intento plasmar imágenes que expresen, según mi punto de vista, cuentos
curiosos del mundo de la naturaleza, en la que incluyo al ser humano, en papel
fotosensible y con el máximo de belleza y rigor posibles.
Para todos
aquellos que visiten y aprecien mi obra, espero poder trasladarles, a través de
la misma, mi profundo respeto y veneración hacia todas las cosas que existen en
este mundo.
Imagino que
todas estas sensaciones me acompañarán toda la vida.
Espero que
las débiles ondas que mi obra emite, se conviertan en un sereno, al tiempo que
elocuente mensaje que pueda llegar a todos ustedes.”
Masao
Yamamoto, nacido en 1957 en la ciudad de Gamagori en la prefectura de Japón de
Aichi, es un fotógrafo japonés conocido por sus pequeñas imágenes, que intenta
individualizar las fotografias como objetos únicos.
Yamamoto
comenzó sus estudios de arte como pintor, estudiando pintura al oleo bajo la
supervisión de Goro Saito en su ciudad natal. Actualmente, usa la fotografía
para capturar imágenes que puedan evocar recuerdos. Desdibuja el límite entre
la pintura y la fotografía experimentando con las superficies impresas. Tiñe y
vira (con té), pinta y rasga sus fotografías. Sus temas incluyen bodegones,
desnudos, y paisajes. También hace instalaciones de arte con sus pequeñas
fotografías para mostrar como cada imagen es parte de una realidad mayor.
Masao encontró en la fotografía, el
medio ideal para el tema que le preocupaba: capturar imágenes que pudiesen
evocar recuerdos.