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martes, 20 de abril de 2021

EL ARCHIVO FOTOGRÁFICO DEL INSTITUTO ARQUEOLÓGICO ALEMÁN DE MADRID

 


El Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid acoge hasta el 9 de enero de 2022, la exposición ‘Blick-Mira! El archivo fotográfico del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid’. Se trata de una exposición que, tras recorrer varios puntos de la geografía española, aterriza en la Comunidad de Madrid, con la colaboración del Museu Nacional Arqueològic de Tarragona, el Instituto Arqueológico Alemán y el propio Museo arqueológico Regional. El comisariado corre a cargo de Dirce Marzoli, directora del departamento de Madrid del Instituto Arqueológico Alemán y Pilar Sada, entonces directora del Museo de Tarragona. 
La muestra plantea una reflexión sobre el papel que ocupa la fotografía arqueológica y su desarrollo en España como uno de los medios más eficaces de documentación. Pero también las imágenes son un testimonio historiográfico de valor incalculable. El visitante comprobará que su calidad plástica no le va a la zaga: son fotos que muestran nuestro patrimonio arqueológico con enorme belleza, pero también a las personas que supieron descubrirlo, valorarlo y documentarlo para que nosotros ahora podamos disfrutarlo en todo su esplendor.


Sirve pues esta exposición como homenaje a los fotógrafos que engrosaron el equipo del Instituto Arqueológico Alemán como parte fundamental de su labor. Una institución histórica que ha servido de enlace entre la arqueología hispana y la alemana y es además una de las instituciones extranjeras con más arraigo en nuestro país, fuente inagotable de actividad desde su fundación.


Fotógrafos a quien se ha reservado un lugar con nombre propio a lo largo del montaje expositivo y cuya personalidad, técnica y circunstacia se intuye en el recorrido a través de la Prehistoria, la España romana o la Edad Media por la que nos invitan a pasear sus instantáneas.


La Menorca talayótica, el norte prerománico, la Mérida Imperial o el sur Ibérico son algunos de los hitos arqueológicos captados por las cámaras de estos hombres, pero también la labor del arqueólogo a pie de excavación o la de la España constumbrista que mira con curiosidad los hallazgos o la de los propios fotógrafos en el ejercicio de su labor.


La exposición se acompaña de un catálogo que recoge textos sobre la historia y actividades del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid así como de su archivo fotográfico y sus fotógrafos, nutrido con las fotografías que se pueden ver en la muestra.


miércoles, 31 de marzo de 2021

LA PERSPECTIVA. 100 AÑOS DE FOTOGRAFÍA CALLEJERA EN ESTONIA

 


Aprovechando estos días de vacaciones podéis salir a pasear por las calles de Madrid, visitar museos y exposiciones y aprovechar para ver todas esas cosas que siempre se quedan pendientes por falta de tiempo. 


Uno de los lugares más agradables para dar un paseo sin duda es el Paseo de Recoletos que une la Plaza de Cibeles con la de Colón y casi al final del mismo os encontraréis una agradable sorpresa. La muestra La Perspectiva – 100 Años de Fotografía Callejera en Estonia, está compuesta por cinco cubos o más bien cubículos en cada uno de los cuales hay expuestas 6 fotografías, tres por dentro y tres por fuera, con una representación de los trabajos de algunos fotógrafos del país que o bien han sido seleccionados por que han respondido a la convocatoria pública anunciada a principios de la primavera de 2020, o bien de  la colección del Museo de la Fotografía y de colecciones  privadas.



La exposición fue creada en cooperación con el Centro de fotografía documental Juhan Kuus, el Museo de Fotografía, OSAL Fotografía Callejera de Estonia, Ruido Photo y la Embajada de Estonia en Madrid. 

Los comisarios de la muestra han sido Ari Leon, Kristel Aimee Laur, Tanel Verk y Toomas Järvet.

 Según figura en el cartel identificativo de la muestra, esta exposición celebra el primer centenario de las relaciones diplomáticas entre la República de Estonia y el Reino de España y narra un período de 100 años en la fotografía callejera de Estonia. 


La historia de la fotografía callejera de Estonia se podría dividir en tres etapas. La primera que va desde 1918 a 1940 se encuadra en el período de la independencia de Estonia y la multiplicidad de nuevas oportunidades. La influencia más importante durante este período, continua contándonos el cartel, vino marcada por la creación del Club de fotografía de Estonia en 1921 y su socio más activo, Johannes Mülber. 


El segundo período, de 1940 a 1991 refleja la ocupación soviética y el ingenio por la falta de oportunidades. Los impulsores nuevamente fueron los clubes de fotografía comunitarios, formados tanto por profesionales como por aficcionados, de los cuales el más importante fuel el de Tallín y entre cuyos fotógrafos cabe destacar a Kalju Suur, Haral Leppikson y Väino Meresmaa.


La tercera etapa, de 1991 a 2021, retrata la re-independencia de la Republica de Estonia y la expansión del mundo, con la tecnología digital y la introducción de internet. Uno de los fotógrafos callejeros más destacados de esta época es Peeter Langovits, cuya obra desde sus inicios oscila entre el arte fotográfico y el documental.


viernes, 11 de diciembre de 2020

CRÓNICA DE UN CONFINAMIENTO. JUAN PALOMINO


 El fotógrafo almagreño Juan Palomino, ganador del Premio Lux de Oro Covid 19,  por su trabajo Días de Confinamiento, inaugurará el próximo sábado 12 de diciembre, en la Galería Fúcares de Almagro, en Guadalajara, la muestra Crónica de un confinamiento, serie que el autor realizó a lo largo del período en que él y su familia, al igual que el resto de los españoles, tuvieron que permanecer encerrados en su hogar debido a la pandemia del COVID 19. El jurado que falló a su favor valoró su ejecución técnica, la empatía y el hecho de que sus fotografías nos adentran en su historia. 

El arquitecto y escritor José Rivero Serrano ha sido el encargado de realizar el texto que acompañará la exposición. 

“Viene a plantear Juan Palomino con esta exposición de sus últimas fotografías, en la Galería Fúcares de Almagro que denomina Días de confinamiento, no los límites del confinamiento pandémico mismo –aunque también así sea, en este tormentoso y azaroso año de 2020– sino los límites mismos de la realidad fotográfica que se encabalga entre el documento –de reconocible dimensión pública y de utilidad social por ello– y la voz personal –como expresión de tonos personales y de ecos privados– que suele sustentarse en muchos trabajos fotográficos. Como estos que podemos ver aquí.

 Ahora vamos conociendo trabajos diferentes –incluso trabajos fotográficos de resumen del año de la agencia informativa Reuters– que materializan la mirada fotográfica del momento de la epidemia, con rostros mudos, esperas blancas, morgues negras, UCIS saturadas, camillas, batas, equipos de protección, respiradores, personal sanitario, mascarillas y mucha incertidumbre. Dando con ello cuenta de que el relato de estos días pesarosos se verifica más y mejor desde la mirada fotográfica que desde el recuento estadístico, sanitario y epidemiológico. Como si la resultante fotográfica final tuviera mayores dosis de certeza, de captura y de verdad en el recuento de estos días, que sus derivadas médicas, sociológicas, políticas y estadísticas.


Como si la resultante fotográfica tuviera mayores dosis de autenticidad final, cercana esa captura fotográfica al llamado por Roland Barthes el Punctum, en su particular obra La cámara lúcida. Nota sobre la fotografía (1990). Obra llena de esquemas duales y de pares contrapuestos –por más que Barthes solo exponga en el título la Nota en singular, como si sólo fuera una–, con la salvedad de los tres agentes actuantes en la realidad fotográfica: el operator–el fotógrafo–, el spectator –el curioso espectador– y el spectrum– aquel o aquello que es fotografiado–. Obra, donde literalmente, Barthes, dice que “Ese segundo elemento que viene a perturbar el studium lo llamaré punctum: pues punctum es también pinchazo, agujerito, pequeña mancha, pequeño corte y también casualidad. El punctum de una foto es ese azar que en ella me despunta (pero que también me lastima, me punza)”. Y a mí me gustaría retener las ideas del punctum como azar, como agujero y como pinchazo que duele. Todo ello como trasunto mismo de la fotografía.

 Días, por tanto, que más allá del pinchazo que duele pueden ser contados casi a la inversa: no desde el exterior apelmazado de hospitales densos y de consultorios vacíos, sino desde la quietud callada del terciopelo doméstico y desde el brillo hogareño, como otro spectrum más próximo y más inteligible. Por más que el operator– como padre fotógrafo– se confunda con el primer spectator–el que simplemente mira lo que pasa–. Incluso de un spectator sin cámara, que sólo ve lo que ocurre y no piensa en retener el instante que se va. Donde sus protagonistas –sus propios hijos– viven el confinamiento en una suerte de extraño paraíso ganado o perdido: nunca se sabrá. Aunque los hijos de Juan Palomino –protagonistas, sin papeles estelares– desfilan por ese diario gráfico como si ejecutaran un juego o un paso de danza. Diario gráfico que le ha preparado la mirada fotográfica del padre y que ha merecido –entre otros varios reconocimientos– el Premio Especial Lux COVID 19 del 2020, que otorga la AFP, a la serie presentada con el mismo título que la exposición de Fúcares.

 Por ello, la voz personal –y casi diríamos familiar– de Palomino da cuenta, desde el dominio privado, de esa secuencia de días vividos en el encierro familiar –donde primero ha sido spectator y luego operator y podría haber sido spectrum final– y de los cuales ha ido construyendo una suerte de diario del tiempo en sus luces y formas. Cuando justamente ese parámetro –el tiempo– rara vez suele contar, o cuenta poco, en la experiencia fotográfica –como ocurre por demás, en alguna pintura–, que suele utilizar la técnica de captura y embalsamamiento de imágenes como una suerte de ejecución y fusilamiento del tiempo. Esa es la anotación de Cees Nooteboom en su trabajo Foto, cuando fija: “Algo se detiene, pero qué ¿Tu o el tiempo El tiempo no puede ser detenido y sin embargo así sucede y en ello reside la siguiente paradoja”.  


 La paradoja de contar el tiempo cuando, simultáneamente se utilizan herramientas y técnicas que lo cuestionan y lo desmienten, tiene un punto de ironía y otro tanto de oxímoron. En la medida –prosigue Nooteboom– en que: “La foto es el fetiche que pretende recuperar el tiempo, pero la ganancia se torna pérdida” Por ello la Vida eterna de las imágenes ya capturadas y congeladas, que juega con su deliberada duración y que elude lo efímero de esos instantes que ya son punctum: el agujero por el que se cuela y se filtra la historia. También, el agujero por el que se escapa el tiempo.

 Como ya ocurriera en otra serie anterior de Palomino, del año 2014, y denominada curiosamente Nuestra eternidad. Una eternidad que yo conectaría con la exposición de 2017 Imágenes de la muerte. Representaciones fotográficas de la muerte ritualizada, y que daría salida al texto La muerte inmortalizada de Silvia Pontevedra. Serie, la de Palomino, trenzada en los camposantos y cementerios próximos a Almagro –Granátula y Valenzuela–, para construir una doble realidad –a la manera de las dualidades de Barthes– asaltada por el tiempo, que ahora se quiere eterno e inmortal, por más que se haya ido. Todo ello, en un juego tan tanatológico como extraño y cuyos protagonistas vuelven a ser los niños dispuestos entre lápidas, nichos, setos vegetales y cuarteles de sepulturas.

En otro juego eterno del tiempo. Demostrando la doble contabilidad temporal de las imágenes capturadas: la de la vida ida y la del futuro que aguarda como forma eterna. Doble contabilidad del tiempo, como la doble cara de la fotografía misma. Se cuenta lo que se va yendo y se retiene lo que se ha ido.”


sábado, 26 de septiembre de 2020

ANGELA, RETRATO DE UNA PERDIDA PROGRESIVA

 

La Real Sociedad Fotográfica inaugura el próximo 8 de octubre de 2020  a las 20:00h la exposición de Maria Rosa de las Heras “Ángela”, que permanecerá abierta desde el 8 de octubre hasta el 3 noviembre de 2020, en su galería, situada en Lavapiés en la calle Tres Peces 2, en pleno centro de Madrid.

Un proyecto que comenzó hace más de 5 años mientras  su autora, María Rosa de las Heras, estudiaba en EFTI. Su madre fue diagnosticada de Alzheimer a los 87 años, cuando aún contaba con la lucidez suficiente como para tomar decisiones acerca de dónde pasaría el resto de su vida. María Rosa a lo largo de estos 5 años, ha ido documentando el paso del tiempo y las huellas de este mal, reflejando a veces con crudeza, siempre con ternura esos momentos agridulces que deja esta enfermedad en aquellos que la han vivido en alguno de sus seres queridos.

 

Ángela

“Con 87 años, Ángela, mi madre, fue diagnosticada de la enfermedad de Alzheimer. Pasó sus últimos años en una residencia de ancianos, elegida por ella, en la provincia de Segovia. Yo solía visitarla con frecuencia, pasar mucho tiempo a su lado, sin prisas. Cada día podía ser el último y la enfermedad le iba restando vida. Aunque ya no tuviera palabras, ni recuerdos, su mirada lo decía todo. El presente era lo que más importaba entre nosotras.

 

Una tarde, después de darle de comer, se quedó dormida mientras me agarraba la mano con fuerza. Quizás lo que intentaba decirme era no te vayas, no me dejes. Y allí me quede, a su lado, sintiendo el tacto de su mano y su respiración tranquila. Al despertar y verme allí sonrió, no podía ya hablar pero me sonrió y esa mirada suya me decía cuanto se alegraba de que  estuviera con ella. Siempre he pensado que, aunque ya no sabía que yo era su hija,  sentía que yo era una persona que la hacía feliz y la quería.”

Para quienes no han vivido la experiencia de cerca el Alzheimer es solo una enfermedad de la que cada vez se oye hablar más a menudo, los que sí lo han hecho saben que además se trata de una pérdida progresiva del ser amado. Cada olvido, cada distancia, cada momento desvanecido en la conciencia implica estar más lejos de la persona que un día fueron estos enfermos. Se van disolviendo en una neblina de extrañeza y de soledad. El trabajo de María Rosa de las Heras nos acerca a ese universo de pérdida de consciencia  desde la perspectiva de una hija que asiste impotente al mismo, y lo hace a la vez con una visión cálida y carente de la dureza que puede llegar a implicar el proceso y con la valentía de un reportaje que trata de ser distante a la hora de documentar la evolución de un hecho irreversible.


La exposición organizada por la Real Sociedad Fotográfica y coordinada por Angélica Suela de la Llave, podrá visitarse en la sede de la entidad con el siguiente horario:

Lunes a viernes: de 18:30 a 21:30 h

Sábados: de 11:00 a 14:00 h

Domingos y festivos cerrado.

 

Por razones de seguridad debido al actual estado sanitario, el aforo será limitado y está sujeto a cambios por normativas relacionadas con la Covid19.